| Digital2 | 28/07/2011 |
El asesino de Oslo ha centrado toda la atención mediática después de la matanza que ha producido en la isla Utoya y del atentado en la capital noruega. De esta manera, Anders Behring Breivik ha conseguido el objetivo, más allá de el de derramar sangre inocente por la 'causa' xenófoba, de la notoriedad. De ciudadano anónimo a estrella mediática, Breivik ha conmocionado al mundo entero usando solo sus propias manos. Pero, ¿qué se esconde detrás de un ciudadano noruego nacido en Londres hace 32 años y respetuoso de la ley? ¿La sociedad europea puede 'tranquilizarse' porque se ha tratado del gesto de un loco solitario o tiene que preocuparse frente al avanzar de la amenaza ultraderechista en Europa? Como apunta este jueves el diario 'El País', "Mejor conocer cómo piensa el asesino".
Una persona normal
Perfiles en las redes sociales, posts en sus blog, incluso un libro que ha hecho circular a través de Amazon. Breivik había dejado huellas en cualquier esquina de la red. Y no se puede excluir que lo haya hecho a posta. Ha dejado que los medios de comunicación pudiesen encontrar con extrema facilidad todas sus reivindicaciones islamófobas, sus ideas, sus fotos, y pudiesen difundir el gran retrato de su vida con las piezas del puzzle que él mismo había dibujado. Las fotos que todos los medios hemos publicado en portada, las agencias de noticias las han encontrado en su perfil de Facebook.
Es en esta red social, según ha contado un amigo del asesino al diario noruego VG, fue donde Breivik empezó a colgar, en la recta final de sus veinte años, opiniones "controvertidas" contra el islam y los inmigrantes. También las publicó en el sitio noruego Document.no, una página que, como muchas otras del mismo tipo (piénsese en la del Ku klux clan en EE UU), no tienen ninguna restricción legal.
Tras su acercamiento al partido social democrático noruego, estableció el centro de sus negocios en Asta, 140 kilómetros al noreste de Oslo. Allí, en una granja roja y blanca en el medio del bosque, recibió en mayo seis toneladas de fertilizante químico, que, según las investigaciones de la policía noruega, usó para fabricar la bomba que el 21 de julio explotó en frente del Parlamento.
La misma policía, tras establecer su voluntad de castigar al partido de ideología socialista que gobierna noruega por su política de abertura hacia la inmigración, ha empezado a investigar en sus creencias y pensamientos. El resultado ha sido que Breivik es "un fundamentalista cristiano con un grande odio hacia el multiculturalismo, la izquierda y el islam".
Su pensamiento estaba recogido en el manifiesto que una hora y media antes del atentado envió por correo electrónico a 1.003 personas. El documento de 1.526 página, titulado 2083: una declaración europea de independencia, lo firmaba con el seudónimo de Andrew Berwick. Entre plano de acción y declaración filosófica, el manifiesto llega a pronosticar una guerra civil que se habría desencadenado en Europa después de acciones como la suya, que habría culminado en el 2083 (referencia al 1683, año de la retirada del Imperio Otomano de Viena, entonces puerta de Europa) con el exterminio de los marxistas europeos y la expulsión de los musulmanes del continente.
Un contacto de Facebook del asesino aseguraba en una carta abierta a varios medios que "tenéis que entender que [acepté su solicitud en FAcebook] si eres un miembro del partido Social Demócrata te vuelves paranóico: aprendes que hay enemigos detrás de cada esquina", afirma. Los mismos enemigos que Breivik ya veía entre 1999 y 2004, cuando militó con el Partido progresista, grupo conservador a pesar del nombre, que criticaba por ser demasiado "políticamente correcto" en vez de apuntar a un "nivel idealista".
Pero su extremismo, asegura quien le conoció y le describe como una persona tranquila, llegó más tarde. Entonces empezó a tomar contactos con partidos de extrema derecha en distintos países, con los que se entretenía en los foros de internet para hablar de asuntos ideológicos y estrategias políticas, entre las que, asegura el diario The Guardian, se hallaba también la posibilidad de crear un partido ultraderechista noruego.
Un plan "cruel pero necesario"
Allí se reforzaron su ideas hasta que dio vida a un plan que él mismo ha declarado "cruel, pero necesario". Una bomba en Oslo, 7 muertos, el disfraz de policía, los proyectiles ilegales, la matanza sin piedad que ha despertado en la memoria de muchos las imágenes de la matanza de Colombine, en Estados Unidos, el 20 de abril de 1999. En el estado norteamericano, cuando hechos como este pasaban, se relataban en Europa como símbolos de una sociedad alienante, enferma, que había convertido en pesadilla el sueño vendido a lo largo de un siglo.
Ahora que ha pasado en Noruega, el país donde los ciudadanos no se preocupan a la hora dejar abandonadas sus pertenencias, seguros de que no corren ningún riesgo, muchos se preguntan si ha sido una locura solitaria o si algo huele a podrido en el viejo continente y hasta ahora teníamos la nariz tapada.